Ni contigo…

Si fue contigo, fue quererse sin medida, cumplir promesas, revisarnos cada día.

Fue mantenerse alerta, conocer, caminar de la mano y llegar juntos.

Fue alegría, sentimiento, arrobo y necesidad.

Fue juntar nuestros pies fríos y darnos calor.

Cantar, reir, disfrutar.

Perdonar.

Hablar.

Saber.

Si es sin ti, es extrañar.

Caminar sola y buscarte en cada sombra.

Esperar tu voz, tu olor, tu caricia y tus canciones.

Es asimilar y adaptarse. Vivir largas horas sin tu risa.

No besar, no abrazar, no acariciar con los ojos. No olvidar.

Fue primavera continua y ahora es invierno perenne...

… y sin ti

buena suerte

Espío tus días expiando mis culpas.
Sigo tus colores, tus frases, tus canciones adivinando el deseo en tus palabras.
No me atrevo a decírtelo y me callo.
Acampada en los recuerdos ruego por encontrarte mañana.
Te devuelvo la vida, te regalo tu tiempo, te perdono la deuda, me devora la pena de no saberte más.
Soy nadie y busco la luz.
Apago la llama y duermo, soñando mañanas nuevas sin calor.
Ordeno ideas y me deseo buena suerte.
Me merezco buena suerte.

Me perdí

Dejaste que me convirtiera en costumbre.
Me echaste de tu lado con la monotonía que da el tiempo.
Dejaste de verme, de desear estar, de querer mi compañía.

Me convertí en estorbo. En invasión. En rémora.

Trataste de seguir inventando planes y objetivos. Jugaste a decidir por mí, y me atrapó tu tela.

Me deje llevar, me deje guiar, me deje ir. Me dejé.
Y me perdí.

perder

Echo de menos cuando perdías un minuto para ganarlo conmigo.
Cuando la madrugada te saludaba en mi puerta y te tomabas tu tiempo para estar. Todo tu tiempo a favor.
Nunca era tarde y nunca se hacía tarde. Cada segundo apetecía y sumaba.
Echo de menos tu aroma en mi almohada, el calor de tus pies en mis pies fríos, mi cintura en tus brazos.
Empiezo a no entender.
Sigo sin entender.
Pregunto demasiado y me pregunto demasiado.
-Cuando deje de ser divertido dejaremos de estar juntos-
Imposible, y cada vez más real.

olvido

Qué difícil decir ya no te quiero.  
Qué sencillo el reproche y la duda, qué extraño no alcanzar lo deseado.  
Qué sutil y fina línea entre el ayer y el mañana. Qué pereza el presente.  
El permanente error de echar de menos, sin disculpa, sin una pausa que te permita pensar y responder al sentimiento.  
Enamorarse de alguien y ofrecérselo todo. Renunciar a todo. Caer en el error de creer. 
No es menor el fracaso que la culpa. Ni el rencor. 
Estar a tu lado y evitar mirarte, evitar hablarte, evitar tocarte.  
Hacerle un hueco al olvido.  

Y olvidarme.  

Una vez

Esperar la primavera
Cocinar para otros.
Besar.
Repetir postre.
Viajar por tu ciudad.
Cambiar de look.
Beber vermú.
Tumbarte al sol.
Hundir los pies en la arena.
Saltar las olas.
Pintar un pared.
Coser un botón.
Desayunar churros.
Dar un abrazo.
Gestionar el miedo.
Comer con amigas.
Escuchar la radio.
Montar en bici.
Leer poesía.
Ir de tiendas.
Levantarte tarde.
No ir a trabajar.
Dormir desnuda.
Tirar fotos.
Respirar.
Subirte a un tranvía.
Darte un homenaje.
Comprarte un helado.
Escribir.
Celebrar tu cumple.
Huir del conflicto.
Esquivar la envidia.
Dar la mano.
Confinarte.
Confirmarte.
Decir la verdad.
Hornear un pastel.
Contar con alguien.
Visitar al dentista.
Evitar los chismes.
Subirte a un tren.
Sonreírle.
Pedir perdón.
Perdonar.
Gritar en un concierto.
Dar las gracias.
Comprar música.
Disfrutar un libro.
Llorar de risa.
Llorar.
Ir al teatro.
Luchar.
Despejar dudas.
Tener derecho.
Estar cerca.
Irme lejos.

Al menos una vez al año.
O dos.

Te huelo

Hueles a te quiero y a quiero.
A tostada francesa para desayunar.
A sexo sesgado y arriesgado.
Hueles a invierno y a lluvia.
A paseos improvisados y a juegos de mesa.
Hueles a pelis, a música lenta, a comidas sencillas.
A manta.
A caricias bajo la manta.
A besos robados al tiempo.
Hueles a ducha fresca y a pelo limpio.
A perfume compartido.
A sonrisa.
Hueles a mañanas de domingo, a urgencias sin prisa.
Hueles a besos que rascan y a piel.
Huelo tu nombre y huelo tu casa.
Hueles a mi.

miedo

Me emociono con facilidad. Imagino un escenario ideal, le pongo color y calor, suena música, huele rico, estoy guapa y bien peinada, y me siento increíblemente feliz.

Apenas sin espera, aterrizo en la verdad, y el texto y el contexto cambian mi realidad inventada.

El comienzo de año, los planes, la familia, los amigos, la temperatura, las cosas que hacer, la forma de hacer las cosas, los propósitos, las horas muertas, los silencios, el tiempo, la suerte, el relato de los días, las oportunidades, los comienzos, los abrazos deseados, las riñas y los perdones, las ganas de reir y las lágrimas, las casas ajenas, la pereza, la falta de fuerzas y la sobra de excesos, los instantes y las horas largas, los días cortos, el frío, el sentirte extraña, la maldita reinvención, las dudas, la felicidad buscada, los por fin, los problemas que no desaparecen, las rebajas y las gangas, la luz oculta, los nombres, las personas nuevas, los lugares nuevos.  Y el miedo, que no se va.

mar

Qué suerte tener el mar a mano, pasear sus orillas y hundir los pies en la arena mojada. Qué bien poder seguir las huellas de mis propios pasos de ida, y de vuelta a empezar. Qué pena sentarnos a esperar que la vida siga sin darnos el trabajo por hacer. Qué sensación de agonía esperar la respuesta a los mensajes del silencio. Qué manera de permanecer queriendo salirme con la mía, soltando lastre, y aprendiendo a navegar contracorriente.


(Im)perfecto

Me despierto despistada.
Pierdo las referencias, y ando dando tumbos mientras voy uniendo puntos suspensivos.
Dibujo figuras que distorsionan la risa.
Me encojo en mí misma sin darme tregua, intentando desaprender de nuevo.
Me parecen mentira los mensajes, mientras echo de menos el aliento de tus versos.
Me rebelo contra todo y contra mi, y no permito que me hieras mas.
Ya no quiero lo de antes y ando inventando un futuro sin huellas reconocidas.
Le pongo voz y aparece hasta en mis sueños.
Y sueño, con el momento imperfecto.

INFINITO

Empiezas a escribir y no sabes lo que aguantará la página en blanco. Ordenas palabras en tu mente y te dejas ir. Sabes lo que quieres decir y a veces lo consigues. Y otras, las mas, comienzas como quieres y acabas donde el corazón te atrapa.

El corazón que no entiende de razón pero se pliega a sus ordenes certeras, que no dejan que te salgas del camino, que no seducen, que no alteran, que no respiran al mismo son que el sentimiento.

Sentimiento interior que te traiciona, reaccionando con el ímpetu del salto. Que te lleva al precipicio y te coge de la mano en el último segundo no dejándote caer. Obligándote a levantarte y levantar pasiones que te engrandecen y te enajenan. Que se olvidan y se pierden.

Perder para ganar. Vencer y no darse por vencido. No desperdiciar el tiempo, las palabras, los deseos y apetitos. La dulzura de los ojos que te miran, de los labios que te besan, de las manos que te atrapan.

Atrapada y atraída. Engañada y seducida. Ilusionada.

Ilusión por tenerte frente a frente con corazón, sin razón. Sin descanso y sin entender bien qué me pasa. Qué palabras dices, qué frases escribes, qué complicidad, qué dudas, qué camino, qué sueños, qué añoranzas, qué peligros correremos.

Peligroso amanecer en el otoño de tu abrazo, en el frío de las mantas que me arropan, en el recuerdo y en la soledad infinita.

En el infinito, contigo.

VER

A partir de hoy comenzaré a evitar el ruido. A huir de los enfrentamientos. A adormecer mis sueños y arrancar los pensamientos que me me aten.
Frenaré lo complicado y lo que me sobrepase. Pensaré lo justo, para formular nuevos deseos.
Buscaré la vacuna contra el virus del dolor, y no haré caso.
Dejaré pasar el tiempo a mi favor, asegurando el calor en el invierno. Buscando la calle con salida.

Cuidaré de la imaginación y recrearé los buenos tiempos.
No habrá avalanchas de luces y color. No habrá tibieza ni moderación. Me mostraré indiferente, fría. Impermeable a las heridas.
Veré caer la lluvia y disfrutaré el otoño.

Aunque siga atada al pánico de no ver y de no verte.

ARCO IRIS

Añoro el rojo encendido de tus labios.
Adoro comer fresas y frambuesas de tus manos. Acostumbrar mi boca al fruto rojo y  dejar que se funda. Fresca, jugosa, tan apetecible como tú.
Ver crecer los brotes de las rosas rojas en el jardín. Y el rojo de mi sangre en sus espinas. Ese dolor necesario para florecer.

El naranja de los atardeceres. La calidez de tus abrazos. El crepitar del fuego. Tu figura y la mía enredadas en las sombras proyectadas en el techo.  La luz de tus ojos ámbar, reflejados en los míos. El romanticismo de color de otoño.

Nostalgia del verano en amarillo. Polos de limón, margaritas de síes y noes. Mentiras aceleradas, tendencias lentas. Conceptos llamativos, secundarios, asombrosos o escandalosos. Días llenos de peligros que amenazan. El calor del sol sobre nuestros cuerpos desnudos. Mi capacidad de verte, contemplarte y comprender.

Mares helados. Playas repletas de gentes. Ilusiones que flotan. La belleza del agua. El reflejo del cielo. El azul de tu planeta. La lluvia azul que nos despierta. La tranquilidad animal, la paz en tu sonrisa,  la confianza en tus abrazos. La inocencia azul. El poder azul.

Intuir con mis ojos verdes y hacer balance. Pisar la hierba fresca. Deslizarme hasta el inicio de tus pupilas, buscando un rastro de magia. Tropezar y caerme y rodar. Dejarme caer y levantarme con tu ayuda. Pelear por volver a ser. Pegarme a tus abismos y buscar contigo la paciencia, el amor,  la amistad. Esmeralda cegadora imposible de tallar. 

Colorearnos en índigos. En la riqueza del juego. En el vuelo de la alegría. Entre tu intuición y mi imaginación que nos hace ver mas allá de nuestros pies, percibir los mundos libres y auténticos. Superar los miedos juntos, salir de la obscuridad, abrir las ventanas al mundo y mirar lejos. Teñir el aire de colores de universo. Cariñosos milagros en los balcones desnudos y olvidados. 

Y entre el rojo y el azul, la belleza oculta de los sentimientos. Mezcla de mi masculino y tu femenino, nuestros contrarios soñadores que persiguen lo perfecto. Tu efecto calmante y mi ira encendida. Mi control contenido y tu lujuria que excita los sentidos. La tinta del nomeolvides que echaremos de menos.

LO NORMAL

Las playas repletas.
El sonido de los árboles al mecer sus ramas con el viento.
Los amaneceres.
El olor de las mimosas.
El roce de unas manos.
El revoloteo de una mariposa.
El sabor del último pedazo de pastel.
El sonido del avión al despegar.
El vértigo de la noria.
El ruido de los coches.
La experiencia de ver una peli en el cine.
La última canción de un concierto.
Aparcar con el sonido de los claxon.
Esperar asiento en un bar.
El primer terraceo.
La itinerancia de una ruta.
Los vuelos low cost.
Vivir sin pedir permiso.
Saltarse las normas impuestas.
Los momentos únicos.
Los días distintos.
Saber que es sábado.
El romanticismo cara a cara.
Las tiendas de chuches.
El fast food.
El tacto de los euros.
Junio, Julio y Agosto.
Las fiestas de prao.
El vermú.
Las noticias nuevas.
Otras ciudades.
Un descampado, sólo para mí.
La noche de San Juan.
El olor de las sardinas.
Los abrazos de otro.
Las vacaciones.
Las citas previas.
Las citas.

Cosas que ver, escuchar, tocar, sentir.
Deseos de lo que hemos perdido.
Angustia de lo que viene para quedarse.

RESPIRA

Teníamos planes y ganas de tener planes.
Buscábamos concienzudamente el mejor momento, el mejor viaje, el mejor lugar.
Nos arremolinábamos en torno a edificios, esculturas, museos, parques, montañas.
Nos vestíamos para la ocasión.
Nos despertábamos cada día en una habitación de hotel y renegábamos del desayuno buffet si no tenía fruta cortada, o de los niños gritones, o de la incomodidad de una almohada.
Regañábamos por cualquier cosa.
Nos levantábamos tarde y nos acostabamos tarde.
Comíamos, bebíamos, disfrutábamos de la vida. De las vacaciones, del fin de semana.
Gastábamos sin control, abanderados del «un día es un día».
Calidad de vida, decíamos.
Poníamos el foco en lo intrascendente. En estar, más que en ser.
Nos parábamos poco a mirarnos a los ojos, a conversar.
Hacíamos fotos sin mirar el paisaje, más ocupados en compartir, que en disfrutar.
Nuestro tercer brazo, el móvil, siempre presente. Capaz de ahogar cualquier silencio.
No nos llamábamos, bastaba con un mensaje rápido. Con muchos mensajes rápidos.
Grabábamos los conciertos en vez de bailarlos.
Nos regalábamos cosas que suplían al tiempo, sin tiempo para disfrutarlas.
El tiempo.
El no tengo tiempo.
Para quedar, para llamar, para tomarnos un café, para hablar sin prisas, para el cine en silencio, para cogernos de la mano.
Deambulábamos las ciudades como si fueran nuestras. Sin mirar arriba o abajo. O a nuestro lado.
Nos permitíamos ser mejores que muchos, sin conocer sus miedos. Y juzgar. Y sentenciar.
Nos enfadábamos y nos pedíamos perdón, como parte de la misma rutina desprovista de valor.
No éramos del todo malos.
No nos hemos convertido en mejores.
Volverán esas rutinas necesarias y olvidaremos que, durante semanas infinitas, fuimos uno, respirando al unísono.

DIAS

Esa sensación extraña de soledad compartida.
Ese ir y venir de pensamientos. De sentimientos.
Ese escapar del miedo.
Huir de lo posible.
Sumergirse en la tarea cotidiana.
Echar de menos.
Desaprender el camino.
Días raros, sensaciones raras.
Necesidad.
La importancia de lo simple.
La necesidad de un abrazo.
Respirar. Sentir el sol en la cara. Dejar que la lluvia te moje.
Salir de tu refugio.
Protegerte y proteger.
Horas que no pasan y horas que no llegan.
Días que se van amontonando, uno tras otro.
Intercambio de buenos deseos.
Sonrisas y risas.
Y canciones.
Y de repente desapareces, y todo lo que conociste ya no sirve.
Compañeros, amigos, amantes.
Familia.
Casa.
Día 4.

tarde

Hay veces, en las que no sé qué hago aquí.
El horizonte se me antoja lejano, e inalcanzable.
Esa línea que separa cielo y tierra y recorre el mundo infinito, esa línea, traza muestras dos vidas.
Cuando no estás, sueño en tus brazos.
Cuando acompañas mis pasos, me sobra acompasar mi corazón al tuyo.
Qué difícil, concluir una razón lógica por la que seguir aquí.
Siento que se me aparecen viejos temores.
Abro los ojos y soy pequeña. Mínima. Desaparezco como el humo. Me desvanezco.
Si era esto, no lo quiero.
Si voy a seguir a tu sombra, me revelo.
Seguir sola mi camino es mejor opción que echarte en cara mis desvelos.
Me quedo aquí, callada, vacía e inerte, empachada de culpa.
Te vas y no miras atrás.
Y me pides clemencia y es tarde.
Ya es tarde…

pronto

Te aseguro que habrá llamadas. Y tentaciones irresistibles.
Qué estaremos en contacto permanente y trazaremos una línea discontinua entre nosotros.
Es falso que no exista la cordura en esta historia.
Vamos a imaginar que es verdad.
A contar de dos en dos, manteniendo los silencios.
Barajemos hipotéticas razones.
Conversaciones robadas a la noche.
Certezas sin duda.
Mira bien lejos, porqué allí nos encontraremos pronto.

lunes

Aunque madruguemos los lunes, aunque andemos faltos de sueño hasta el próximo viernes, aunque nos coja el frío de la mañana al coger un coche o un tren, no me falta la sonrisa.
Doy por buena la esperanza, la añoranza, el peso de la horas en los días.
El vernos de vez en cuando y
hacer de los encuentros infinitas historias de presente.
Merece tanto la pena la espera, acompañarte en el viaje, llevar mi equipaje con la ligereza que me da la expectativa.
Acostumbrarme a ti.
No saber explicar lo que me pasa. No necesitar explicación. Sentirme plena y agotada.
Caminar, caminar y caminar.
Cogernos de la mano. Acariciarnos el torso con el frío.
Colgar mis sueños de tu espalda.
Tomar consciencia y no olvidarme de quién soy.
Aunque madruguemos los lunes y todo empiece de cero, en pequeños viajes de aventuras inmediatas.
En pequeñas aventuras de eternos viajes.