MENSAJE EN LA PENÚLTIMA ESTACIÓN

Después de una larga y agotadora semana de trabajo, Carol viajaba de regreso a casa, era una de esas tardes frías y desapacibles del mes de noviembre, a través de las ventanillas del tren, se podían aun vislumbrar en el horizonte, las últimas luces del día de aquel jueves de otoño.

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Durante el trayecto, Carol intentaba distraer el tiempo, leyendo una novela que había comenzado días atrás, sin embargo y a pesar del esfuerzo, no conseguía concentrarse, por más de dos minutos seguidos, sobre las líneas de aquella apasionante historia, sus problemas de pareja la atormentaban constantemente y el mero hecho de regresar de nuevo a casa, la incomodaba en exceso, en el fondo desearía continuar con sus viajes de trabajo, para evitar reencontrarse de nuevo con Fran, su marido, puesto que la última discusión entre ambos antes de despedirse, la había dejado bastante tocada, por ese motivo la noche anterior, había barajado incluso, la posibilidad de tomar ella misma las riendas de su propia vida.
En un momento dado, Carol levantó la vista y se percató de que el hombre del compartimento de al lado la observaba con cierta insistencia, al principio no le dio demasiada importancia y decidió continuar con su infructuosa lectura, pero era imposible evadirse de los problemas con Fran, y sin querer pretenderlo, volvían a planear de nuevo en su pensamiento, las discusiones entre ambos por cualquier cosa y aquellos enfados eternos, que ponían en serio peligro su matrimonio de siete años.
El hombre del compartimento contiguo, continuaba atento a cada uno de los movimientos de Carol, se trataba de un hombre no mucho mayor que ella, de mediana edad, de buena presencia, de aspecto cuidado y con cierto aire de ejecutivo.
Carol mantenía abierto su libro por la misma página en la que comenzó y con la mirada perdida en ninguna parte, se acariciaba los cabellos de manera inconsciente y en otras ocasiones, jugueteaba con una cadena que adornaba su cuello, de la que colgaba un pequeño candado dorado, a modo de adorno, el cual arrastraba suavemente entre sus labios.
El viaje continuaba y el hombre de al lado, se mantenía pensativo y atento, y sin disimular para nada, aquel interés cada vez más evidente, hacia cualquier gesto de Carol. Ella a su vez bajaba la vista o giraba la cabeza, cuando sus miradas se cruzaban en alguna que otra ocasión, lo que la llevaba a pensar que quizás aquel hombre estaba intentando coquetear con ella, de forma velada y sutil.
El desconocido mientras tanto, mantenía la barbilla apoyada sobre su mano izquierda y en su mano derecha, sostenía una de esas tarjetas de publicidad de color verde, la cual giraba insistentemente una y otra vez entre sus dedos.
Con el paso del tiempo, el cansancio y el sueño hicieron mella en Carol, lo que propicio que se quedara dormida, al cabo de unos cuantos minutos abrió de nuevo los ojos, la noche era ya cerrada y el tren se encontraba en esos momentos detenido en la penúltima estación, se dio cuenta entonces de que sólo quedaban apenas veinte minutos de trayecto para llegar a su ciudad. La sola idea de volver a cruzar la puerta de su casa, la hacía perder la tranquilidad, la preocupaba mucho cómo sería esta vez su reencuentro con Fran, y no hacía más que pensar en los reproches y en las malas caras que tendría que soportar en esta ocasión y valoraba por momentos, si merecería la pena continuar atada a aquella relación tan tormentosa y al mismo tiempo tan vacía.

Durante esa breve parada, miró a su alrededor, se frotó suavemente los ojos y se percató entonces de que algo había cambiado en aquel vagón, varios de los viajeros habían abandonado sus compartimentos, incluido aquel hombre que la miraba insistentemente, puesto que su asiento ya estaba vacío, al parecer se había apeado en misma aquella estación. Carol respiró aliviada, pensando que ya no tendría que soportar más las miradas furtivas de aquel desconocido, aunque en el fondo y a pesar de su aspecto callado y enigmático, había descubierto en él un cierto atractivo, que no acertaba a comprender.
El tren inició de nuevo la marcha, entonces Carol llevó el libro a su pecho, después de tantos intentos infructuosos, creyó conveniente dejar la lectura para un mejor momento y optó por introducirlo en su bolso de mano, en ese instante se dio cuenta de que de su novela sobresalía la esquina de una tarjeta verde, en un primer momento se imaginó, que sería uno de esos marcapáginas de lectura, aunque le pareció extraño puesto que ella no solía utilizarlos casi nunca, abrió el libro por la página marcada y en efecto, se trataba del mismo capítulo en el que se había quedado atascada su lectura y el marcapáginas en cuestión, se trataba en realidad de una tarjeta verde de publicidad de una determinada compañía de telefonía móvil.
-¡Pero! ¿Qué diablos es esto? ¿Cómo ha venido a parar esta tarjeta aquí? -Se preguntó con cara de asombro.
Carol rebobinó entonces su memoria y visualizó a aquel desconocido con una tarjeta del mismo color, entonces comenzó a atar cabos, no había duda, la tarjeta en cuestión se trataba la misma que giraba insistentemente entre sus dedos minutos antes, la dio media vuelta y en el reverso aparecía una anotación realizada a bolígrafo, en la que se podía leer:

“Que nadie guarde la llave, que abre tu felicidad,

que nadie se apropie de ella y menos la tire al mar”

carlos

Continuara…

Texo, Fotografía2 y Selección musical: @SanyGar; Fotografía1: @MayTrebol

A 4 manos

#antipáticoseptiembre

de mi amigo Twittero en Instagramer @SanyGar

Gracias Carlos

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16 thoughts on “MENSAJE EN LA PENÚLTIMA ESTACIÓN

  1. Guauuu! Que sorpresa me he llevado esta mañana al ver tu nueva entrada! No me daba cuenta de que hoy es jueves y tú me lo has recordado. Muchas gracias Mayte! Gracias por tu confianza y por ceder con generosidad tu espacio. Un abrazo!!

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    1. Para todos los que me leesi este es un punto de encuentro. Sin vosotros se quedaría en mera anecdota. La agradecida soy yo por creer que este espacio te merece. Enhorabuena. Y mil gracias!! Ahhh y espero tu continuación otro jueves, así que, al lío!!

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  2. Wow!!!!! Justo voy en el tren mientras la leo y me he visto con el libro entre las manos y la tarjeta. Una historia muy bien llevada que traslada totalmente.
    Enhorabuena sanygar, me ha encantado. Como acierta siempre Mayte.
    Beso y muy buen día a los dos 😚😚

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  3. Enhorabuena a los dos!!! Me ha encantado . Me habéis hecho meterme en la historia y vivirla como si fuera una película . Qué gran verdad , no deberíamos dejar nunca la llave de nuestra felicidad en las manos de nadie. Deberíamos ser cada uno de nosotros los únicos dueños de ella y solo nosotros poder hacer uso de sus poderes . Un abrazo 😘😘

    Le gusta a 2 personas

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