VIAJES

El día antes a cada viaje se ponía nerviosa.

Los preparativos a veces le hacían desestabilizarse, o bloquearse, por todo lo que dejaba pendiente, por la necesidad de organizar su vida sin ella.

Habitualmente viajaba por trabajo, y el equipaje debía ser variado. Ropa de trabajo, ropa de ocio, ropa elegante para las cenas o comidas formales o informales.

Todo esto le llevaba un tiempo que a veces no tenía.
Se probaba trajes y zapatos y blusas y faldas y blazers y medias…

Iba organizando los conjuntos. Y trataba de combinar prendas y colores para que todo formara un perfecto conjunto entre si. No había lugar para imprevistos.

En las ciudades a las que viajaba había tiendas y grandes almacenes donde salir del apuro, pero la escasez de tiempo le hacia desestimar esa idea.

Debía meter en su pequeña maleta de viaje todo lo necesario para esos días sin fin.
Era ordenada y disciplinada, y ésta no era  ocasión para no serlo.

Ponía el despertador temprano. No le gustaban las prisas, ni llegar tarde, ni que la esperaran.
No se lo podía permitir.

Apuraba los minutos dejando la casa perfecta tras de si.

Conducía su coche hasta el centro y comenzaba la dura aventura de aparcar.
Hoy, además, llovía.

El día anterior a cualquier viaje y las horas previas a emprenderlo le provocaban fatiga.
Pero cuando se sentaba en su vagón, en su asiento reservado, todo cambiaba.

Le invadía una paz insospechada.
Miraba el paisaje pasar y se imaginaba en él.

Construía sus historia inventadas.

Se fijaba en sus compañeros de viaje.
Algunos viajaban solos, como ella.
Otros en familia, con amigos, compañeros de trabajo o en pareja.

Echaba de menos viajar en tren en pareja.
Y entonces su pensamiento volaba hacia él.

Estaría en el trabajo, o en su casa, o en la calle.
Sólo, acompañado.
Pensaría en ella o no.
Pensaría en ella…

Creaba los ojos y se dejaba llevar por el vaivén y el traqueteo.
Se acomodaba en su hombro y le respiraba.
Sentía la calidez de sus brazos rodeándola.
Adivinaba su sonrisa y su barba de tres días.
La mano sobre su muslo, acariciándola.
Haciéndola suya en ese mínimo gesto.
Suya.

Provocaba sentimientos y apetencias.
Necesitaba tocarle y sentirle y tenerle.
Esas horas de viaje eran suyas. De los dos.
Un momento regalado a su ajetreo que le acercaba a la paz.

A lo lejos escuchaba unas palabras.
Abría los ojos. Despertaba de sus sueños.
La vuelta a la realidad, a las prisas, al estrés, no era agradable.

image

Quizás el próximo viaje…

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4 thoughts on “VIAJES

  1. Totalmente reflejada, no puedo evitar ponerme nerviosa cada vez que viajo, sea cual sea el motivo.
    Y siento debilidad por los trenes, tienen la cualidad de evadirme mientras miro, e imaginar mil historia.
    Como he disfrutado hoy Mayte.
    Muy feliz finde corazón

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  2. Pero qué bonito Mayte , me ha encantado. Siempre tengo esa misma sensación de nervios cuando viajo . Organizo las cosas pensando en cada detalle , que no falte nada, por si acaso … No viajo en tren , en mi caso es en coche , pero es también ese tiempo , solo mío , donde yo aprovecho para pensar mil historias, algunas ya ocurridas y otras mil , soñadas . Cosas que están , que pasaron y otras que sueño que sucedan . Me encantaría pensar que alguna vez , será un viaje para dos . Feliz viaje Mayte

    Le gusta a 1 persona

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